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El estrés fomenta la aparición de trastornos alimentarios y de apetito


(Comunicados de Prensa)
· Un 11% de la población de los jóvenes escolarizados en la Comunidad de Madrid, con edades comprendidas entre los quince y dieciocho años, padecen un trastorno de conducta alimentaria, según datos publicados por el Instituto de Nutrición y Trastornos Alimentarios de la Comunidad de Madrid, 2010.

· Varios estudios realizados durante los últimos años por científicos advierten que el estrés en el trabajo, la inseguridad por la situación económica y la depresión en los adolescentes podría fomentar la obesidad.

· El 78% de las personas que acuden al Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) padecen de obesidad derivada de los trastornos alimentarios, el estrés y la ansiedad.

OBESIDAD DEBIDA AL ESTRÉS EN LOS ADULTOS

15 de febrero 2011-. El estrés, en todas sus formas tensión, fatiga, presión, alteración, depresión, insomnio , representa una reacción defensiva física y mental del ser humano ante un ambiente desfavorable. Hombres y mujeres responden de forma diferente al estrés, pero en ambos casos este estado de ánimo conlleva a comer de forma compulsiva y desmedida. Los varones suelen desarrollar una obesidad abdominal, mientras que las mujeres almacenan los cúmulos adiposos en la zona de los glúteos y los muslos. Al ser más emocionales, las representantes del sexo femenino resultan más propensas a experimentar alteraciones en el estado de ánimo por problemas de trabajo, pareja o la familia, aunque ellas también son más decisivas a la hora de ponerse a régimen.

“Existe una relación entre el estrés y la obesidad basada en los trastornos alimentarios”, afirma Ángel Nogueira, especialista en trastornos alimentarios de IMEO. Muchas veces comemos no porque tenemos hambre, sino porque nos encontramos en estado de estrés emocional, ayuno prolongado, alteración del sueño, ingesta cargada de cafeína y el cerebro reacciona como si estuviésemos ante una amenaza física. Aumenta la adrenalina y nos encontramos con un exceso de hormonas, entre los cuales está el cortisol, que es culpable de nuestra sensación de hambre y de la energía conservada bajo forma de grasa. En esta situación “la persona estresada se decanta por comer alimentos que abundan de azúcares, sal y grasa, porque son los que estimulan el cerebro para producir hormonas del placer”. Así con cada enfado damos un paso más hacia la obesidad, sometiéndonos a un mayor riesgo cardiovascular, advierte el especialista.
Cuando el organismo produce cortisol en grandes cantidades, la producción de la testosterona muy importante para la formación de la masa muscular disminuye. Con el tiempo, esto conlleva a la disminución de la masa muscular, de modo que por mucho que la persona entrene, no quemaría calorías suficientes. El cortisol también es culpable del almacenamiento de grasa visceral alrededor de los órganos vitales. Este tipo de grasa es muy peligrosa, ya que desprende ácidos grasos en la sangre que aumenta el colesterol y la insulina y puede causar problemas cardíacos y diabetes.

TRASTORNOS DE LA ALIMENTACIÓN EN ADOLESCENTES

La ansiedad y los trastornos de la alimentación que cada vez son más frecuentes entre los adolescentes, radican en el ideal de belleza que gira en torno a la delgadez y el aspecto físico. Sin embargo, hay varios síntomas que nos pueden indicar la presencia de estos trastornos de la alimentación, es cuando se debe buscar ayuda profesional. “En el caso de la anorexia, por ejemplo, se observa una perdida de peso bastante importante -por debajo del 85% del peso correcto-, intenso temor a engordar, incluso teniendo bajo peso, distorsión en la propia percepción de la imagen corporal, negando el estado de delgadez en el que se pueda estar”, indica el especialista en trastornos de la conducta alimentaria. Otro síntoma típico en estos casos es que en las adolescentes que tienen este problema suele producirse una amenorrea o ausencia de menstruación que podría durar 3 meses consecutivos.

La bulimia se caracteriza con una excesiva influencia de la figura corporal y el peso. A diferencia de la anorexia, aquí se observa una serie de atracones o una elevada ingesta de alimentos en un periodo de tiempo menor a dos horas, acompañado por una sensación de pérdida del control. De forma paralela, aparecen comportamientos compensatorios como vómitos, uso de laxantes o diuréticos, ayuno o ejercicio excesivo para contrarrestar el atracón. “A causa de los ácidos del estomago, eliminados por el vomito, podemos notar erosión en los dedos y oscurecimiento de los dientes que dilatan la presencia de la enfermedad”, señala Nogueira.

Existen otros trastornos de la alimentación, aunque no tan populares, que también sufren los adolescentes, como es el caso de la vigorexia. Se presenta sobre todo en los varones y también incluye una alteración de la figura corporal. “Los que trabajamos en el ámbito del deporte y la actividad física, observamos a menudo esta obsesión en chicos jóvenes que quieren tener cada vez más masa muscular, y a pesar de tener un cuerpo musculado, tienen la percepción de estar delgados”, relata Nogueira.

Entre los trastornos de conducta alimentaria también está la ortorexia que consiste en llevar una alimentación saludable a límites extremos, llevando consigo el aislamiento del individuo. “Se trata principalmente de trastornos psicológicos, por ello lo primero que habría que hacer es consultar con un especialista en la conducta y en caso de que el problema sea mas grave, que sea tratado por un equipo multidisciplinario que incluya psicólogos, psiquiatras, endocrinos, médicos, nutricionistas y asesores deportivos” recomienda el especialista de IMEO.

TRATAMIENTOS DEL ESTRÉS REALIZADOS EN IMEO

Cuando se trata de hacer frente al estrés, es importante contar con la opinión de un biomédico, quién podrá confirmar la diagnóstica y recomendar una terapia adecuada. La homeopatía ofrece algunas soluciones, como son las flores de Bach o la aromaterapia con aceites esenciales, que permiten controlar la ansiedad sin necesidad de tomar ansiolíticos. Este último tipo de fármacos suele relentecer las funciones nerviosas, produciendo relajación o sensación de calma temporal y en muchos casos adicción al alcohol, hiperactividad, apnea del sueño, embarazo, enfermedades cerebrales, renales o del pulmón son sólo algunos de ellos,... están desaconsejados.

Para mitigar los efectos del estrés en nuestro organismo, como pueden ser las contracturas, el dolor de cabeza o el insomnio, los médicos recomiendan, como parte de la psicoterapia, un buen plan de sport y hábitos saludables. Existen una serie de alimentos ricos en vitaminas y minerales que resultan muy beneficiosos para el sistema nervioso. Entre ellos son el agua, la leche, algunos frutos secos como las almendras o las pasas, el plátano y las espinacas por su poder antioxidante.

Las terapias de biorresonancia permiten equilibrar el funcionamiento emocional, corregir los pensamientos negativos de nuestro consciente y positivizar los traumas acumulados a nivel inconsciente. Se recurre a la utilización de un equipo sofisticado que regula las ondas alfa, beta, delta y gamma, cuyo desequilibrio provoca el estrés. El procedimiento es muy simple: el paciente se sienta en un sillón y es conectado por medio de unos cables al aparato detector de las ondas internas, desde donde se realiza el retorno de las mismas al organismo. Gracias a esta técnica se logra reequilibrar las ondas cerebrales relacionadas con el estado anímico y se regulan las funciones de los neurotransmisores más importantes.

La magnetoterapia asistida combinada con técnicas de relajación es muy útil para liberarnos del estrés, la fatiga o los estados depresivos. El paciente, además de estar recibiendo puntualmente los olenoides, es decir, los campos magnéticos, está recibiendo estímulos de relax. Las personas que tienden a ser depresivas suelen mostrar niveles muy bajos de serotonina y dopamina, ambos neurotransmisores están relacionados de forma directa con el bienestar. A través de la inducción de campos magnéticos de baja frecuencia, se produce un aumento de estos “mensajeros alegres” que ayudan a combatir la ansiedad y el estrés.

La electro impedancia es otro método, no invasivo, al que recurre la medicina moderna para identificar posibles problemas de salud. Nuestro cuerpo está formado por múltiples elementos, muchos de ellos, como el potasio, el sodio, el calcio, el magnesio, el hidrógeno, el oxígeno, etc., denominados iones, poseen cargas eléctricas y sus respectivas concentraciones en los tejidos influyen en la impedancia de estos. A través de este análisis se obtiene información indirecta sobre las propiedades físicas y químicas del tejido. El déficit de serotonina, por ejemplo, que tiene mucho que ver con el estado de animo, es un indicador de niveles altos de ansiedad. Gracias a este método, los especialistas pueden obtener información sobre los diferentes fases de tratamiento y la evolución de pacientes con problemas de trastornos alimentarios.




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