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Los venecianos las preferían rubias


(Comunicados de Prensa) Los cánones de belleza, como sabemos, cambian. Las admiradas curvas femeninas de Marylin Monroe han sido sustituidas por la delgadez andrógina de Agyness Deyn y las voluminosas permanentes de los ochenta son hoy un recuerdo lejano (y a menudo vergonzoso) de mujeres con cabellos planchados y lisos como el hielo.

Del mismo modo, en Italia ha cambiado también la percepción de la belleza: mientras hoy las italianas más deseadas son morenas, de piel bronceada y marcadas facciones latinas, antiguamente las mujeres se esforzaban por mantener su piel blanca como la fachada de la iglesia de la Salute y el pelo rubio como el sol para presumir en los banquetes y eventos de la alta sociedad veneciana.

Ya en la Roma antigua las mujeres se aclaraban el pelo con un jabón compuesto por grasas animales y cenizas de abedul o con mezclas de flores de manzanilla y yema de huevo.

Durante el Renacimiento las mujeres rubias estaban de nuevo de moda como se percibe en las obras de arte de pintores como Boticelli y Tiziano, donde la piel blanca immaculada y los cabellos de oro eran atributos indispensables de diosas (especialmente Venus), aristócratas y bellas pueblerinas.

Precisamente con el fin de aclarar sus cabellos las venecianas usaban las famosas altane. Estas terrazas que hoy los huéspedes de los hoteles de Venecia miran curiosos eran en los tiempos de la República de la Sereníssima auténticos solariums. Las mujeres usaban un sombrero llamado solana con un agujero en la parte superior por donde salía el pelo untado con una mezcla llamada agua de juventud. Se han encontrado infinitas variantes de estas recetas para aclarar el pelo pero se ha conseguido identificar algunos ingredientes comunes a la mayoría de ellas: flores de lupino, aceite de miel, yemas de huevo, salitre, azafrán, cebada y corteza de regaliz. Esta combinación debía aplicarse dos veces para conseguir un efecto reflejo similar al de las mechas de hoy en día, y debía calentarse en el fuego antes de aplicarla y dejarla secar al sol.

Había altane en muchos lugares y en otras ciudades italanas como Genova. Muchas de éstas han sido desmontadas por ser consideradas inestables y peligrosas, pero las que se mantienen en pie (algunos centenares según las últimas aproximaciones) se han convertido en el lugar preferido para admirar los espectaculares fuegos artificiales de fin de año de Venecia.

Apartamentos, casas y hoteles de lujo poseen aún este tipo de terrazas operativas donde se tiende la colada a secar y donde, en la muchos casos, se come y bebe con los amigos o se lee un buen libro. Algunas cosas sin embargo no cambiarán nunca, y los turistas pueden ver, en verano, jóvenes venecianas que olvidan las calles estrechas y húmedas de la ciudad para disfrutar del sol en su pequeño paraíso particular.

Este artículo ha sido redactado por Alba Lorente con el soporte de hotel de venecia.
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